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jueves, 6 de septiembre de 2007

EL BARCO ENCANTADO Y EL CRISTAL CON QUE SE MIRA


“Haz lo que tu amo te manda y siéntate con el a la mesa y el te lo agradecerá…”
Cervantes, Don Quijote, Parte II, Cap. XXIX

Cervantes, gloria de la Hispanidad, pone en voz de sancho la sentencia “haz lo que tu amo te manda y siéntate con el a la mesa y el te lo agradecerá…”, durante la aventura del barco encantado.
Aquí Don Quijote, embiste de nuevo, no en rocinante, ni a molinos de viento, sino aceñas, que así se denominan en España, a molinos de trigo construidos en el cauce de un río; esta peripecia la vive en el Ebro, el más caudaloso de la vertiente del mediterráneo, que fertiliza la Rioja, Navarra, Aragón y Cataluña.
La acción sucede más o menos así: al llegar Don Quijote y sancho panza, a la orilla del río y ver una canoa amarrada al tronco de un álamo, el desconchiflado pensamiento del caballero de la triste figura, le hace parecer a él, que es un barco encantado y que el molino de trigo, es una fortaleza en donde se encuentra una hermosa princesa cautiva de malandrines y que, por mandato de los altos cielos, es su obligación libertarla… (Desocupado lector, te ruego me estés atento pues te quiero hacer llegar una opinión: el concepto de barco encantado, a mi me parece, que es germen inspirador, para que Julio Verne, creara una nave mágica, de ficción – en su época-, El Nautilus, capaz de recorrer fantásticamente, bajo el agua, veinte mil leguas de viaje submarino, llevando las ideas de libertad y de justicia – como Don Quijote- de su caballero navegante, el Capitán Nemo…)
Volviendo a la ribera del Ebro, Don Quijote se apea de rocinante, monta en la canoa y le ordena a sancho que desate las amarras y suba con el; sancho se da cuenta que su Señor va a dar comienzo a uno mas de sus disparates, en donde de seguro saldrán molidos y apaleados, pero influenciado por el recuerdo de la ínsula o isla que Don Quijote le tiene prometida para que de ella sea gobernador, convenenciéramente se queda callado y dice para si: “ no hay mas que obedecer y bajar la cabeza, atendiendo al refrán que dice, haz lo que tu amo te manda y siéntate con el a la mesa y el te lo agradecerá…”
(Desocupado lector, una segunda opinión: esta conducta de sancho extraordinariamente práctica – pragmática- tiene vigencia en la actualidad, pues es común en cofradías de ciudadanos pertenecientes a los llamados grupos políticos, que callan ante disparates y toleran desafueros de su Señor, por la esperanza de un puesto público, a manera de sanchesca ínsula, para, en su futuro, gobernar…)
Volviendo con sancho, este no se queda totalmente callado, se dirige a Don Quijote, diciéndole:
- En descargo de mi conciencia, debo advertirle, Señor, que lo que a Vd. le parece un barco encantado, no es sino una canoa y lo que a Vd. le parece una fortaleza no es mas que un molino de trigo…
- Son los perversos encantadores sancho- le responde don quijote- que nos cambian las cosas y a ti te hacen ver una cosa, a mi otra y a otro le harán ver otra cosa…
(Desocupado lector, tercera opinión: doscientos cuarenta años después de la aparición de la segunda parte del Quijote, el poeta Español, Ramón de Campoamor, en una redondilla -estrofa de cuatro versos octosílabos- de su poema dos linternas, resume el extraordinario modo que Cervantes le da a la función del parecer; para Campoamor, los encantadores que cambian la realidad, son cristales, en donde a su través, cada quien mira lo que le conviene, lo que necesita que la realidad sea para el:
Porque en este mundo traidor/Nada es verdad ni mentira/Pues todo es según el color/
Del cristal con que se mira… vale

DOS AFRODISIACOS, DOS…


“Todo lo joven es bello y hermoso y todo lo hermoso es amable...” Cervantes, Don Quijote, parte I, Cáp. XIV

Escrito donde se describen dos afrodisíacos: el cinto de Afrodita y cierto cataplasma que mi Tata tenía en mucha estima…
Sostienen los botánicos y herbolarios que hay tres afrodisíacos naturales que son, la damiana, la canela y el aguacate; a mi me parece que en la medida en que la concentración de testosterona en la sangre sea alta, lo cual es función de la juventud del varón, recurrir a brebajes o artificios, para propósitos eréctiles, sale sobrando, “es como echar agua a la mar…”; la indagación vehemente sobre estos artilugios, empieza cuando aquella hormona en tu sangre mengua…¿ que usar ante tal calamidad ?... buena y luenga, es la lista de ardides a la que es valido recurrir, para lograr renacer el ardor…Un mitológico afrodisíaco, lo era el cinto de afrodita, la hermosa y deseabilísima diosa Griega del amor, las seducciones, el encanto, las sonrisas, la ternura y las caricias. Esta prenda divina tenía el don de inflamar de amores, deseo sexual y erotismo, a quien la portaba; por ello era muy famoso y muy solicitado por las olímpicas deidades, pues a estos, aunque, divinos y majestuosos, también les sucedía que a veces, su olímpica virilidad, ni fú, ni fá…pero resulta que el único que tenia “vara alta” en usarlo era el gran Zeus, hermano de afrodita; este era un dios, que digo, un garañón permanentemente alborotado, mas enamorado “ que un perro bichi”, que le daba tanto “vuelo a la hilacha”, que cualquier rincón del olimpo, se le hacía bueno, para “arrepechar” contra sus columnas, a toda diosa que se le antojara para sus soberanas fornicaciones; no contento con eso, cuando desde su celestial morada, miraba pa’bajo, y columbraba una bella mortal que despertara sus deseos, veloz se descolgaba, eso si, cinto en mano, y hacía uso de cualquier argucia o truco, para satisfacer sus carnales propósitos; un fruto de sus promiscuos amores, lo fue Helena, hija de la adultera Leda-en descargo de Leda, ¿ que hembra se opondría a tan divino amante?- y Zeus convertido en cisne…dejemos a esta lasciva deidad enamorando a las hembras de la campiña griega y situémonos, en los campos culichis, para hablar de las cataplasmas; eran el curalotodo, la panacea, de las abuelas; ¿ que es un cataplasma?; es un trapo untado con el curativo apropiado- sábila, sangregado, cardón, tomate, pomada de la campana,- que puesto al fuego de una hornilla, sobre un comal, y una vez caliente, madres y abuelas, las amarraban con un paliacate en aquella parte del cuerpo que doliera o que no funcionara cual debía y… ¡ sanaba uno como por encanto!



De esa época es, el verdadero, comprobado una “quiotra vez” y sabio consejo que mi tata me dio, referente a la cura de un mal y una desgracia; había que usar, aseguraba el, dos “medecinas” que no fallaban; ¿cuales tata, pregunté yo?
Y el me dijo: “Pa’l mal de la tos, toma como agua de uso, té de eucalipto… y cuando ya estés en la edad de la quietud y el sosiego y con resignada nostalgia recuerdes las henchidas, gloriosas y volcánicas manifestaciones del perpetuador de tu sangre, o sea hijo, si ocupas cambiar un día, el réquiem por la resurrección, en resumidas cuentas, mi’jo, dicho, sin tanta “política”, pa’que se le pare el pico, póngase, cataplasmas de culito nuevo…”; eso dijo mi tata y aquello, hoy lo recuerdo con mucha insistencia… ¡ah! Caraja memoria mía, que casi me hace llorar…